El comentario de hoy, martes 30 de abril 2024
Este 30 de abril se festeja en todo México el “Día del Niño”. Desde la más tierna infancia dicha celebración se arraigó profundamente en nuestros corazones, hoy adultos. Con certeza, los festivales y arengas a la niñez no faltarán en nuestra entidad. Los niños y las niñas, el futuro y la esperanza de México. Es más, hasta pueden ser parte de la promoción política de quienes están en campaña.
Pero, ¿qué dirán al respecto, aquellos menores afectados por el cáncer, cuyos padres y madres han peregrinado en busca de los medicamentos que les permitan un tratamiento digno y prolongar su esperanza de vida? Pese a las protestas, desde hace cinco años, el gobierno federal ha sido particularmente indolente y apático a esta lacerante realidad. La falta de fármacos para este sector, ha sido un hoyo negro en el sistema de salud de la Cuarta Transformación.
¿Cómo habrán de celebrar este día, las familias de centenas de niños y niñas, que han sucumbido en el fuego cruzado de las vendettas de los grupos criminales? ¿Y qué decir de los menores desplazados con sus familias, en comunidades de Guerrero, Zacatecas, Chiapas o Michoacán, que han dejado la escuela y su espacio vital, para salvarse de la violencia? Con certeza para ellos no habrá “Día del Niño”.
Este segmento vulnerable de la población ha sido uno de los más golpeados por el crimen, la migración, la trata y el trabajo infantil. Sólo hay que ver los menores que viajan solos para cruzar la frontera con Estados Unidos en busca de sus padres o aquellos migrantes que, hoy mismo, caminan por las diversas rutas existentes en la entidad, en parajes solitarios, fustigados por el cansancio, el hambre o la sed.
¿Y qué decir de la explotación infantil? Y no nos referimos sólo a la explotación laboral sino al abuso sexual, la difusión de contenidos de esa naturaleza en internet y otras formas de explotación de los grupos delictivos. Sólo hay que ver en nuestra capital, decenas de menores, muchos de ellos indígenas chiapanecos que viven en condiciones de esclavitud, por parte de explotadores de su propia etnia.
Mucho, mucho tienen que hacer los gobiernos, en sus tres niveles, para salvar de ese infierno a nuestra niñez. Para unos habrá festivales, regalos, alegría; para otros, dolor y desesperanza. Porque de algo podemos estar ciertos. Un factor ha sido la violencia; otro la pobreza y uno más, el desprecio con el que las causas de niños y niñas ha sido visto por el actual régimen federal.
Tengo la certeza de que habrá quienes tendrán de cargar sobre sus espaldas, el alma de muchos ángeles que han volado al cielo de manera prematura, derrotados por el cáncer, ante la falta de medicamentos. Eso es una realidad. No es ficción. (JPA)

